Amo a la soledad en este tiempo de lluvia, es lo más ocurrente que puedo hacer por ahora. Cada gota claudica sobre mi cabello y rostro, cada una refresca mi mente y depura mi alma, son tantas las cosas que pasan por mi cabeza en este momento, recuerdos, amores, hermanos y sentimientos, pasan y se mueven por una carretera sin fin, llena de curvas y de tramos abordados por precipicios. Me acuesto sobre el césped mojado, aun lloviendo, aprieto los puños contra el suelo para comprobar que de verdad existo, no es más que una proeza el echo de que viva, sienta muera y resucite.
Poco a poco todo cobra su verdaderos sentido, el karma se apacigua, los pies firmes, la mente fría y el alma llorando son la prueba de todo esto, que la distancia se ha apoderado de lo que amo, que la nostalgia juega conmigo en las tardes y que ninguno de mis recuerdos caerá en el olvido, ya que ahora la abundancia de ellos es lo que me mantiene despierto y lo que evita una caída hacia un abismo sin salida.
Amo a la soledad que surca por mis venas, me temo que esta nostalgia no será efímera.
En momentos como estos, es cuando la vida te pone a prueba, Rafo.
